Hay pueblos que se cruzan en el camino. Y hay pueblos que se quedan en la memoria. Ambalema es de estos últimos. Conocido como el “pueblo de las mil y un columnas”, Ambalema se levanta a orillas del majestuoso Río Magdalena como una declaración silenciosa de identidad. Lo visitamos recientemente, Nancy y yo, en uno de nuestros periplos de viajes con destinos con sentido senior en la Rudaneta, movidos no solo por la curiosidad, sino por el deseo de comprender qué sostiene en pie a un municipio que decidió combatir el calor abrazador del plan del Tolima con arquitectura, memoria y dignidad. Adentrarnos en sus márgenes fue más que un recorrido: fue una investigación viva. Ambalema fue emporio del tabaco, eje del comercio fluvial, territorio de pesca, ganado, arroz y alimentos que abastecieron amplias regiones del país. Su riqueza no era mito: era estructura económica real, movimiento constante, historia en expansión. Hoy, esa historia permanece escrita en sus columnas interminable...
Hay ciudades que se visitan. Y hay ciudades que se escuchan. Honda pertenece a las segundas. Situada sobre la margen del imponente Río Magdalena , Honda fue durante los siglos XVI, XVII y XVIII el gran puerto fluvial del interior del país. Por aquí pasó el comercio, las mercancías, los viajeros, los virreyes y las noticias que conectaban el centro del territorio con el Caribe y con el mundo. Fue un emporio vibrante, estratégico, indispensable. Pero el progreso cambió de ruta. El ferrocarril, luego el camión, las nuevas carreteras y finalmente el transporte aéreo desplazaron el eje comercial. Y aunque Honda no fue olvidada, sí fue empujada a resistir. A no desaparecer. A transformarse sin perder su memoria. Hoy, la llamada “Ciudad de los Puentes” es un museo viviente. Sus calles empedradas, sus mansiones coloniales, sus antiguas bodegas y sus museos conservan más que objetos: guardan relatos. Historias de comercio y poder, de virreyes y arrieros, de espantos nocturnos y épocas de esp...