Honda pertenece a las segundas.
Situada sobre la margen del imponente Río Magdalena, Honda fue durante los siglos XVI, XVII y XVIII el gran puerto fluvial del interior del país. Por aquí pasó el comercio, las mercancías, los viajeros, los virreyes y las noticias que conectaban el centro del territorio con el Caribe y con el mundo. Fue un emporio vibrante, estratégico, indispensable.
Pero el progreso cambió de ruta. El ferrocarril, luego el camión, las nuevas carreteras y finalmente el transporte aéreo desplazaron el eje comercial. Y aunque Honda no fue olvidada, sí fue empujada a resistir. A no desaparecer. A transformarse sin perder su memoria.
Hoy, la llamada “Ciudad de los Puentes” es un museo viviente. Sus calles empedradas, sus mansiones coloniales, sus antiguas bodegas y sus museos conservan más que objetos: guardan relatos. Historias de comercio y poder, de virreyes y arrieros, de espantos nocturnos y épocas de esplendor. Entre sus construcciones emblemáticas se alza la histórica Plaza de Mercado de Honda, hoy edificio patrimonial de Colombia, donde la vida cotidiana mantiene el pulso de la tradición.
Aquí el pasado no es decorado: es presencia. Se siente en los puentes que cruzan los rios y las quebradas, en los balcones que miran al río, en el sabor de un viudo de pescado servido a sus orillas, en la conversación tranquila de su gente que recibe al visitante con disposición franca y hospitalaria.
Este video nace de la necesidad de reconocer esa resistencia silenciosa. De mostrar que Honda no es solo historia detenida, sino memoria activa. Que en sus muros se entiende la evolución del país: del puerto fluvial al patrimonio cultural; del auge comercial al turismo consciente; del ruido mercantil al valor de la identidad.
Registrar Honda es, en el fondo, un acto de respeto. Un reconocimiento a una ciudad auténtica, presente, humilde y llena de valores. Un destino que no compite con la modernidad, sino que la observa desde su experiencia.
Y por eso era necesario contarla. Porque en las rutas de la Colombia profunda, Honda sigue siendo un imperdible.
Honda no es solamente un destino; es una lección silenciosa sobre el paso del tiempo. El Río Magdalena sigue avanzando, como siempre lo ha hecho, indiferente a los cambios de la economía y de las rutas comerciales. Y en sus orillas, la ciudad permanece, no como ruina, sino como memoria viva.
Caminar por Honda es recorrer capas de historia superpuestas: el esplendor colonial, el auge mercantil, la transformación tecnológica, la resistencia cultural. Cada puente, cada calle empedrada, cada casona con balcones abiertos al calor del río es un recordatorio de que el tiempo no borra, transforma.
Conocer esta ciudad es reconocer esa metáfora: Colombia misma ha sido puerto, tránsito, conflicto, comercio, olvido y reinvención. Honda concentra esa narrativa en pocas cuadras, en la sombra de sus muros antiguos y en la hospitalidad intacta de su gente.
Este video no busca solo mostrar arquitectura o paisaje. Busca invitar a mirar con más atención. A entender que la memoria histórica no vive únicamente en los libros, sino en los lugares que han sabido resistir. por eso, visitar Honda es, en el fondo, reconciliarse con el pasado para comprender mejor el presente. Es aceptar que el tiempo fluye como el río, pero que la identidad permanece cuando se cuida.
Y mientras el Magdalena continúe su curso, Honda seguirá allí, recordándonos que la historia no es algo que pasó: es algo que todavía respira.
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