Ir al contenido principal

La Biodiversidad en Filandia

 


Cuando el bosque nos mira

Aquella mañana, en las montañas de Filandia, durante una pajareada organizada por la SQO, levanté la mirada y descubrí algo que no esperaba: dos monos aulladores, inmóviles entre las ramas de un árbol alto, observando el bosque desde arriba.

Por un momento, todo pareció detenerse.Ellos estaban en su mundo y yo en el mío. Pero aquel encuentro me hizo comprender que, en realidad, compartíamos el mismo territorio.

Los monos aulladores son animales esencialmente arborícolas. Su vida transcurre en las copas de los árboles, donde encuentran alimento, refugio y las rutas que utilizan para desplazarse. Su cola prensil les permite sujetarse a las ramas mientras se alimentan o se desplazan, una adaptación extraordinaria a la vida en el dosel.

Se alimentan principalmente de hojas, pero también consumen frutos, flores y otros recursos vegetales. Cuando comen frutos, pueden transportar semillas y contribuir a su dispersión. De esta manera, un animal que simplemente busca su alimento participa, sin saberlo, en la regeneración del bosque.

También sus famosos aullidos tienen una función biológica. No son simplemente sonidos impresionantes que escuchamos desde lejos. Son una forma de comunicación entre individuos y grupos, relacionada con la organización social y el uso del territorio.

Pero hay algo todavía más importante: Para que exista el aullador tiene que existir el bosque. Y no cualquier bosque.

Necesita árboles grandes, alimento suficiente, sitios donde descansar y, sobre todo, continuidad entre las copas que le permita desplazarse. Cuando el bosque se fragmenta, las carreteras, potreros, cultivos y construcciones pueden convertirse en barreras para animales que dependen de los árboles para vivir.

Por eso, cada vez que desaparece una franja de bosque, no estamos perdiendo solamente árboles. Estamos perdiendo caminos, refugios, alimento, lugares de reproducción.

Y, poco a poco, estamos haciendo más pequeño el mundo de los animales que durante miles de años aprendieron a vivir allí.

El agua también pertenece al bosque

Hay otra razón para proteger estos bosques de montaña: el agua.

Los bosques regulan el ciclo hídrico, favorecen la infiltración de la lluvia, protegen los suelos y ayudan a mantener las quebradas y nacimientos. Cuando eliminamos la vegetación de las zonas de protección, alteramos ese equilibrio.

Por eso conservar el bosque no es solamente una cuestión de proteger animales. Es también proteger las fuentes de agua de las comunidades humanas.

Y aquí aparece un desafío particularmente importante para regiones como Filandia y el Quindio, el crecimiento de las viviendas y de la infraestructura turística.

El desarrollo puede generar oportunidades económicas y mejorar la calidad de vida, pero cuando las construcciones se multiplican sin suficiente planificación, el territorio comienza a perder conectividad ecológica.

Una casa puede parecer pequeña, pero muchas casas dispersas terminan ocupando el espacio que antes conectaba un bosque con otro.

El problema no es solamente cuántas construcciones existen, sino dónde se construyen, qué ecosistemas ocupan y qué fragmentos de bosque terminan aislando.

Conocer para conservar

Quizás una de nuestras mayores responsabilidades sea aprender a mirar. Porque difícilmente podemos proteger aquello que no conocemos.

Sabemos mucho de perros, gatos, vacas y otros animales domésticos porque forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero muchas personas pasan por un bosque sin saber que allí viven mamíferos como el mono aullador, la guagua, el cusumbo, la zarigüeya, el armadillo o diferentes especies de pequeños felinos y roedores.

Cada uno cumple una función, cada uno forma parte de una red ecológica y cada uno cuenta una historia evolutiva.

Aprender a reconocerlos no debería ser solamente una actividad para científicos. También puede convertirse en una forma de educación ambiental para pajareros, niños, campesinos, visitantes, fotógrafos, guías y habitantes de las ciudades.

Cuando aprendemos el nombre de un animal, empezamos a reconocerlo, cuando comprendemos cómo vive, empezamos a valorarlo y cuando entendemos de qué depende para sobrevivir, comenzamos a comprender qué debemos conservar.

Volver a mirar aquel árbol

Por eso, cuando recuerdo aquellos dos aulladores en Filandia, ya no veo solamente una fotografía interesante. Veo una pareja que necesita un bosque conectado. Veo árboles que producen alimento. Veo semillas que pueden viajar por el territorio. Veo agua que nace y se regula en las montañas. Veo una comunidad biológica que ha evolucionado durante miles de años. Y veo también una pregunta dirigida a nosotros:

¿Qué bosque queremos dejar después de nosotros?

Quizás el verdadero propósito del avistamiento de aves y de fauna no sea simplemente conseguir una buena fotografía. Quizás sea aprender a mirar de otra manera. A reconocer que el paisaje no está vacío cuando nosotros no estamos. Que cada árbol puede ser refugio. Que cada quebrada puede ser parte de una red de vida. Que cada animal tiene una función.

Y que la biodiversidad no es una colección de especies para fotografiar, sino una comunidad viva de la que también hacemos parte. Aquellos dos aulladores seguramente continuaron su camino entre las ramas. Yo permanecí abajo, contemplándolos, y ellos siguieron viviendo su vida.

Y nosotros tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que todavía exista un bosque donde puedan seguir haciéndolo.

Una pequeña rana que nos obliga a mirar más cerca

Después de levantar la mirada para descubrir a los monos aulladores entre las copas de los árboles, el bosque de Kiraikai nos regaló otro encuentro completamente diferente.

Esta vez no había que mirar hacia arriba. Había que mirar hacia abajo.

Entre la hojarasca apareció una pequeña rana de colores intensos, roja y negra, casi como una diminuta joya escondida en el bosque.

Su aspecto nos llama inmediatamente la atención. Y no es casualidad. En algunas ranas de la familia Dendrobatidae, los colores intensos cumplen una función de aposematismo: una señal visual que advierte a los posibles depredadores de que el animal puede ser desagradable o tóxico. En Andinobates bombetes, las investigaciones han estudiado precisamente la función de su coloración como señal de advertencia.

Pero hay que tener cuidado con una palabra: decir que es una rana "venenosa" no significa que debamos tocarla ni que automáticamente represente un peligro para las personas. En estas especies, las sustancias defensivas están asociadas a la piel y su toxicidad depende de factores ecológicos y de la dieta. 

Si nuestra observación corresponde efectivamente a Andinobates bombetes, estamos frente a una especie especialmente interesante del paisaje andino. Es una rana pequeña, terrestre y principalmente diurna, que vive entre la hojarasca y utiliza también bromelias. Se alimenta de pequeños invertebrados y tiene una reproducción extraordinaria: el macho participa en el cuidado de la descendencia y transporta los renacuajos hacia pequeños depósitos de agua, como los que pueden formarse en las bromelias.

Y aquí aparece nuevamente la palabra agua. Para nosotros, una bromelia puede parecer simplemente otra planta del bosque. Para una pequeña rana puede convertirse en un mundo entero: refugio, fuente de humedad y lugar fundamental para completar su ciclo reproductivo.

Por eso conservar un bosque no consiste únicamente en conservar sus árboles grandes. También significa conservar la hojarasca, las bromelias, la humedad, los pequeños cuerpos de agua, los insectos y toda esa compleja arquitectura que normalmente pasa inadvertida.

Del mono aullador a una rana de pocos centímetros

El encuentro con los aulladores y el encuentro con esta pequeña rana parecen historias completamente diferentes. Pero biológicamente cuentan la misma historia.

El mono necesita árboles conectados para desplazarse. La rana necesita un microhábitat húmedo, hojarasca y vegetación adecuada para sobrevivir y reproducirse.

Uno ocupa las alturas.La otra vive prácticamente a nuestros pies.Ambos dependen de un bosque funcional. Y esto cambia nuestra manera de entender la biodiversidad.

La biodiversidad no está solamente en aquello que vemos fácilmente.

Está en las copas de los árboles, pero también debajo de una hoja. Está en el canto lejano de un mamífero, pero también en el pequeño zumbido de una rana.Está en los grandes animales que admiramos y fotografiamos, pero también en organismos diminutos que casi nunca vemos. Precisamente por eso necesitamos conocer mejor nuestros mamíferos, nuestros anfibios, nuestras aves, nuestros reptiles, nuestros insectos y nuestras plantas.

Porque conocer es el primer paso para reconocer; reconocer permite valorar; y valorar genera voluntad de conservar.

El bosque como una red de vida

Cuando observamos solamente una especie, podemos perder de vista la verdadera dimensión del ecosistema.Un árbol puede alimentar a un mono.Una bromelia puede ofrecer refugio y agua a una rana.Un insecto puede convertirse en alimento.Una quebrada puede mantener la humedad del bosque.El bosque, a su vez, protege el suelo y participa en la regulación del agua.Todo está conectado.

Por eso la conservación no debería limitarse a proteger algunos árboles aislados mientras alrededor aumenta indiscriminadamente la construcción de viviendas, vías y otras infraestructuras.

Necesitamos conservar corredores de bosque, proteger las quebradas y nacimientos, mantener la vegetación alrededor del agua y evitar que la expansión de las construcciones termine fragmentando los hábitats.

Henry Plazas Olaya. Octubre 2026


Comentarios

Entradas populares de este blog

Canal 9-11 de emergencia en montañas. Ideal para Pajareros

  Canal 9-11 / 467.5875 MHz: El Valor de una Frecuencia Compartida para Montaña y Emergencias Introducción En regiones montañosas, como las nuestras en el Quindío —desde los nevados andinos hasta las quebradas de la Cordillera Central — la comunicación entre senderistas, guías, observadores de fauna, pajareros y equipos de rescate es una necesidad recurrente. La topografía accidentada, los valles profundos y la falta de señal de telefonía móvil en muchos sitios alejados,  hacen que sistemas de radio simples, robustos y de baja exigencia técnica sean herramientas insustituibles. Muchos de los recientes accidentes de los excursionistas en el Nevado del Tolima o otros sitios profundos y distantes del parque nacional de los nevados, pudieran haberse evitado al contar con ayuda oportuna. Al respecto, Parques Nacionales exige a los excursionistas que suben a la laguna del Otun o al Nevado del Ruiz, que el guia (que debe ser Guia profesional con carné vigente), porte uno de los rad...

ARMENIA PARA CONOCER

Conocer a Armenia: Toda una experiencia ! Algunas manifestaciones artísticas de Armenia Quindío Monumento al Esfuerzo. Escultura emblemática de 28 mts de alto realizada en Bronce por Rodrigo Arenas Betancourt e inaugurada en 1978 en la Plaza de Bolívar, que simboliza el empuje quindiano que supera las tragedias vividas por el terremoto, mediante figuras casi suspendidas en el aire que apuntan al cielo simbolizando la férrea voluntad, el optimismo, la voluntad de superación. Está soportada bajo tierra mediante un sólido soporte metálico que le da estabilidad a través de un tronco de árbol cortado, que simboliza el aporte del suelo Quindiano al desarrollo del departamento ya que contribuyó durante muchos años al desarrollo económico del país. El hombre soporta con sus brazos a la mujer cuya falda se torna alada para que ambos, se proyecten como figuras desafiantes al futuro. Otra interpretación igualmente valiosa y que pudo ser inspirada en l...

La Virginia Risaralda: Una amalgama de razas y culturas

La vuelta a Risaralda La Virginia Antiguamente La Virginia correspondía a un enclave estratégico cruce de caminos, puesto que por este puerto se llegaba a Medellín, la Costa atlántica o Buenaventura,  Allí antiguamente llegaban champanes y grandes botes de mediano calado y era un centro importante de negocios Foto Fuente:  https://culturaybibliotecas.comfamiliar.com/la-virginia/ Temperatura 28 grados y situada a 900 msnm  Se ha llamado por tiempos Nigricia, Sopinga, Bodega y finalmente La Virginia Que ver en la Virginia ? El museo del ferrocarril y el antiguo puente del ferrocarril construido por el ingeniero Bernardo Arango en 1926 ahora en desuso y que daba entrada a la estación Caimalitos ubicada donde ahora esta situada la Zona Franca de Pereira. Curiosamente en este municipio, se encuentran dos ríos que corren en el mismo valle de Risaralda en sentido contrario. El Cauca que corre hacia el Norte y el Rio Risaralda hacia el sur. Esa confluenci...